L'Om Imprebís estrena, en la Sala Jardiel Poncela del Teatro Fernán Gómez, "Moscú no existe": cuatro voces de Chéjov en una sola y actual
Si hay que volver a los clásicos -hay tantos por recordar y descubrir-, sea, Chéjov bien lo merece. Sin embargo, debo admitir que, si pude reconocer la historia -a retazos- de las cuatro piezas arrebujadas en este espectáculo que lleva por título Moscú no existe, se me escapó el sentido último que pretendió darle una unidad conjunta a todas ellas. El experimento llevado a cabo por la veterana compañía valenciana L'Om Imprebís, en mi opinión, se queda a medio camino entre la originalidad y la inanidad del para qué.
Santiago Sánchez, codirector de la obra que ayer se estrenó en la Sala Jardiel Poncela del Teatro Fernán Gómez, junto a Michel Lopez, afirma haber tratado de expresar y mostrar, utilizando los más importantes textos dramáticos del escritor ruso (Tío Vania, La Gaviota, Las tres hermanas y El jardín de los cerezos), el paralelismo existente entre los conflictos y la sociedad representados en aquellas piezas con mucho más de cien años, y la nuestra. No es mala idea, pues no sería difícil extrapolar a nuestro tiempo algunas situaciones humanas de un mundo en pleno cambio y descomposición como aquel, de manera semejante a lo sucedido en los inicios de este nuevo siglo y milenio. Pero no es necesario siquiera ubicar, en tiempo concreto alguno, los temas y situaciones humanas que, al parecer, propone la obra, "cuatro voces de nuestros días", que son de ahora, de ayer y de siempre: "el hombre que olvidó vivir por cumplir las normas, el triunfador asfixiado por su vacío, la artista precarizada y la cuidadora invisible a la que el sistema desecha". Confieso que la lectura del programa ayuda a comprender mejor unas ideas que, sin él, creo quedan confusas en la amalgama de conflictos que se ofrecen en escena.
En mi opinión, ese es el principal defecto o inconveniente de un experimento teatral que ha tratado de sintetizar cuatro piezas en una, sin ahondar realmente en ninguna de ellas, lo cual crea una sensación de un permanente estar a punto de..., de retazos inacabados, bocetos de historias de gran intensidad y grandes personajes, que se acumulan, mezclan y confunden, dejando en el espectador una sensación de insatisfacción y pérdida de un hilo que se enhebra sin aparente dirección. Llega un momento en que la historia -o historias- deja por tanto de tener interés y comienza a languidecer la atención; a pesar de reconocer la extraordinaria pericia de la mano que guía los movimientos de tan intrincada "trama" -hay un excelente trabajo de dirección- y el enorme valor de unos actores y actrices de gran nivel; posiblemente lo mejor del espectáculo.
Como tal, el montaje cuenta con un equipo artístico de gran solvencia; con una escenografía de Dino Ibáñez & Los Reyes del Mambo, funcional y alejada de cualquier prurito realista, capaz de acoger la multitud de escenas que se plantean en escena; un vestuario de Gabriela Salaverri, que aporta el realismo necesario para reconocer tanto la Rusia de Chéjov como la modernidad de nuestro tiempo; la iluminación de Félix Garma o el trabajo de vídeo a cargo de Amador Artiga.
Gran trabajo, como ya he señalado, el de los cuatro intérpretes que componen el reparto; destacando a un inmenso Carles Montoliu que llena la escena en cada una de sus intervenciones, haciendo que cuanto dice o haga interese. Así sucede asimismo con Pilar Martínez, cuya veteranía deja un poso que asienta y da firmeza a la acción. Y no queda atrás la fuerza interpretativa y destreza técnica de los actores Víctor Lucas y Beatriu Casanova, que realizan asimismo un extraordinario trabajo en sus respectivos papeles.
Estrenada ayer, en la Sala Jardiel Poncela del Teatro Fernán Gómez, Moscú no existe permanecerá en cartel hasta el 8 de noviembre.
Fotografías: Vicente A. Jiménez





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