Los Teatros del Canal acogen "Baco polaco", una obra entre la mitología, el realismo y el expresionismo, escrita y dirigida por Mauricio Kartun


Estos días se representa, en la Sala Verde de los Teatros del Canal, Baco Polaco, una obra del autor y director Mauricio Kartun, producida por el Complejo Teatral de Buenos Aires, que, después de recorrer varios festivales internacionales, tras su estreno hace un año en el Teatro Sarmiento de la citada ciudad, llega ahora a la capital española para mostrarnos la singular concepción del arte escénico de este gran creador argentino.

Desde aquel "Pequeño misterio ácrata" llamado Terrenal que tuvimos ocasión de ver en el Teatro de La Abadía, en 2019, nos habíamos vuelto a disfrutar de la artística y punzante mirada de Mauricio Kartun. Sus tonos ocres y grises sobre el escenario, esos rostros lánguidos y expresivos tras unos maquillajes -en ocasiones máscaras, como en algunos momentos de la pieza que hoy nos ocupa- que realzan la tristeza de los personajes y aportan pesadez a unas vidas nunca fáciles, y unos ojos que han visto ya demasiado para creer en utopías. Y unas historias, como la mostrada en Baco polaco, "pastiche de Las bacantes de Eurípides", como su autor la define, que, haciendo uso de una estética expresionista, muestran, tras unos guiños de humor entre corrosivo y negro, un fondo de contenido social -entre crítico y resignado- y la miseria de una existencia marcada por la injusticia, la necesidad, la brutalidad humana -también la bondad- y la violencia.

No solo el esperpento valleinclanesco está muy presente en el teatro de Kartun -y valga esta afirmación para Baco polaco-, también su excepcional y literario uso del lenguaje, que el dramaturgo argentino despliega tanto en los diálogos como, especialmente, en unas extensas acotaciones descriptivo-narrativas que podrían haber sido firmadas por el propio autor de Divinas palabras -obra con la que esta pieza guarda no pocas concomitancias-.

Aunque son muchas las alusiones y guiños a la célebre tragedia de Eurípides, tanto en el desarrollo de la acción como en el nombre de algunos de sus principales personajes, no es la historia de las bacantes la que aquí se desarrolla sino una trama de ambientación "contemporánea" -de ahora y de siempre-, paralela a aquella y ligada al ideario popular argentino, centrada en la llegada de una troupe ambulante a un pequeño pueblo de la pampa, dominado por una familia de poderosos terratenientes, personalizado en las figuras de la viuda Ágave (Luciana Dulitzky) y su impulsivo y despótico hijo y heredero Penteo (Nahuel Monasterio). El espectáculo de estos feriantes se centra en la figura de la joven y atractiva reina Esther (Paloma Zaremba), reclamo de cuantos espectadores llegan a verla manejar sus ocho discos de pasta, con los que aviva y anima los lugares donde llegan, creando la gran bacanal festiva. Acompañan a Esther su guardiana y fiel hermana Sarita (Soledad Bautista), el señor Silenio (José Mehrez), empresario espectáculo, y Dionisio (Aníbal Gulluni), bobo enamorado de aquella, que narra la historia y hace las veces del dios báquico.   

El hecho de que la historia transcurra además durante la celebración del Carnaval permite sumergir esta en la orgiástica sensación de un mundo sin límites, donde los instintos se desatan y todo es posible, y permitir la transposición de papeles entre seres "reales" y entes ficticios, mitológicos, que justifica el paralelismo de la tragedia contada por Eurípides y la de Kartun, conducentes ambas al castigo final de Penteo, el déspota sin fe.

Junto al espléndido trabajo de dirección, a cargo del propio Kartun, son destacables la escenografía y el vestuario diseñados por Rodríguez González Garillos, adecuados y suficientes para recrear esta historia a caballo entre el realismo y la ensoñación mitológica, con apenas un par de "rocas" que reproducen la llana amplitud de la pampa, y unos paneles móviles que sirven para recrear, cuando es necesario, el espacio de los feriantes; así como una iluminación, a cargo de Agnese Lozupone, que juega con las sombras y el uso de focos cenitales, creando ese ambiente opresivo, de ocres, grises y negros que comentábamos líneas antes, apropiado para la ensoñación expresionista y trágica en la que nos introduce el autor. 

Magnífico asimismo el trabajo realizado por los seis actores y actrices que componen el reparto (Aníbal, Gulluni, Paloma Zaremba, Soledad Bautista, José Mehrez, Luciana Dulitzky y Nahuel Monasterio), egresados todos de la EMAD de Buenos Aires -al igual que el equipo artístico-, cuyas interpretaciones, alejadas de cualquier enfoque naturalista, buscan la ampulosidad del juego teatral y la exacerbación histriónica -sin perder nunca la contención cuando se requiere- apropiada al expresionismo estético desde el que está diseñada la pieza.

Mauricio Kartun ha conseguido transformar, sin perder su esencia trágica ni su referente, la historia de las bacantes clásicas, actualizándola y convirtiéndola en una historia de denuncia del despotismo de los poderosos contra los oprimidos y las clases humildes.

Baco polaco permanecerá en la Sala Verde de los Teatros del Canal hasta el 11 de octubre. No dejen pasar la oportunidad de verla. Una obra más que recomendable.

José Luis González Subías


Fotografías: Carlos Furman

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