"Mantener fuera del alcance de los niños", la nueva creación de María Velasco, se estrena en el Teatro de La Abadía


Espectáculo que cumple con todos los cánones -y tópicos- de la estética -y la ética- más actual de la dramaturgia contemporánea, Mantener fuera del alcance de los niños, la nueva obra de María Velasco estrenada el 29 de octubre en el Teatro de La Abadía, no defraudará a los seguidores generacionales del ideario ideológico-estético-moral de nuestro tiempo y a su expresión en el teatro. 

La flamante ganadora del Premio Nacional de Literatura Dramática 2024 vuelve los ojos en esta ocasión a un pasado que marcó su desarrollo y su futura madurez como persona. La infancia y la adolescencia, aquellos años de escolarización obligada que, en buena medida, determinan nuestro futuro, cobran protagonismo, desde la perspectiva de quien los vivió como alumna de necesidades educativas especiales. Si tal ejercicio de autoficción le dio excelentes resultados en aquella creación en torno a un amor "alienígena" que obtuvo todos los parabienes del público y de la crítica, María Velasco vuelve a bucear en sus traumas y vivencias personales para ofrecer un nuevo monólogo reivindicativo y catártico en torno al dolor sufrido por quienes se sienten marcados en la infancia y la adolescencia, por ser, sentirse o ser vistos como distintos -negativamente distintos-, fuera de los cánones de lo comúnmente aceptado y de una normalidad a la que acusa -en realidad, a quienes viven cómodamente instalados en ella- por su crueldad y nula empatía con el diferente. La integración, ese gran invento y divina palabra incorporada al argot pedagógico y escolar, también social, de nuestro mundo, desde hace varias décadas, queda desenmascarada en una obra en la que el sistema educativo, domesticador y moldeador de voluntades, no sale bien parado. 

Sin embargo, este nuevo experimento posdramático -en la línea de lo que podemos denominar "teatro del trauma"-, que recurre a la autoficción y a la narratividad, en un largo monólogo discursivo que constituye la base textual de la obra, no alcanza, en nuestra opinión, a construir un espectáculo tan rotundo y atractivo como el de su anterior trabajo; a pesar de haber incluido en él todo un espacio de elevado valor estético y haber amenizado la creación con múltiples estímulos sensoriales que constituyen su principal atractivo y lo hacen digerible sobre el escenario. La obra avanza con cierta dificultad, y algo de lentitud en algún momento, ante la falta de un argumento sólido que conduzca a algún lugar, más allá del desahogo confesional y manifiestamente combativo de la protagonista -actriz, autora y directora del espectáculo-.

Los trucos culturalistas -guiños metaliterarios- que adornan el texto, en esas citas que jalonan la "trama", donde asoman los nombres de conocidos autores -otros no tanto- de la literatura universal, clásicos y contemporáneos -preferiblemente estos últimos- son práctica habitual en la nueva dramaturgia en la que María Velasco se inserta. Y hay que admitir que pocos lo hacen con tal calidad. Nos guste o no, lo que esta autora y directora lleva al escenario está marcado por el inconfundible sello del arte. Velasco incorpora a su creación una estética impactante y significativa, en la que la escenografía (diseñada por José Novoa), junto con la luz (a cargo de Jorge Colomer), el sonido (Juanjo del Pozo) y la videoescena (Elvira Ruiz Zurita), juegan un relevante e imprescindible papel; al igual que la música, compuesta en esta ocasión por Tagore González y el cantaor Al-Blanco. Las intervenciones de este último constituyen uno de los principales atractivos del montaje, al igual que las del performer y bailarín Mario Patrón, cuya extraordinaria técnica nos impresionó. Tanto uno como otro son un espectáculo en sí mismos, y juntos.

Poco más puedo añadir de una obra que puede provocar reacciones encontradas, en virtud del público que acuda a su encuentro. El habitual a La Abadía no tendrá problema con su elección. En cualquier caso, la mejor forma de decidir si se prefiere Mantener fuera del alcance de los niños, o no, es contemplar con los propios ojos -siempre más verdaderos e interesantes, para uno mismo, que los de otro- la nueva obra de María Velasco, que se mantendrá en escena, en la Sala Juan de la Cruz del Teatro de La Abadía, hasta el 22 de noviembre.

José Luis González Subías


Fotografías: Laura M. Lombardía

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